Universidad La Salle
Doctorado en Mediación Pedagógica
Curso Pedagogía del
Aprendizaje
Glenda Mayela Chacón
Hernández
Una idea
descabellada o quizá muy razonable
“Educarse, es pensar por
uno mismo” Con esta frase del profesor Kini, en la película “La sociedad de los
poetas muertos” que me inspira; deseo iniciar este texto, que no pretende otra
cosa más que permitirme la libertad, sentida como una lección de independencia
plena o hasta donde mi propia sentir lo perciba, de satisfacción y de
realización personal; de amor a lo que hago diariamente.
Y nada mejor para dar los
primeros pasos en la escritura de las palabras, pues no soy docente con un grupo
de aprendientes en diferentes periodos del año lectivo, es decir, ésta función no forma parte de una
labor que realizo como tal; sin embargo, conociendo de previo que se puede y
más que eso, quiero mediar desde donde me encuentre, es que me atrevo a
realizar la reflexión sobre el discurso pedagógico, ya que cada año y casi
diariamente, recibo jóvenes en la oficina de Mercadeo que ocupo en la Sede de
la Universidad Técnica Nacional en San Carlos y con los que de una u otra
manera he establecido un vínculo.
Quisiera pensar y creer que
es de confianza por lo que cada visitante me cuenta, al dejar fluir sus
sentimientos y narrar sus propias situaciones de población universitaria y que
son tan diversas como jóvenes llegan. Hay otras labores que desde mi área
técnica realizo (soy mercadóloga de profesión con conocimientos técnicos en
otras áreas) y que trato en la medida de mis posibilidades desarrollar,
poniendo la mayor parte de las veces, mi mejor y mayor empeño para llegar a
satisfacer las inquietudes de esos otros y otras quienes dicen necesitarme.
Aquí cabe hacerme la
pegunta ¿Para qué lo hago?; podría decir fácilmente y como burócrata, que lo
hago porque para eso me contrataron; sin embargo, a lo largo de siete años de
realizar gestiones en la universidad y desde mi puesto como encargada, me doy
cuenta de que esas, si bien es cierto son parte de mis responsabilidades donde
la institucionalidad me obliga a seguir ciertas reglas; algo más interno y
fuerte como ser humana, me conduce a ir más allá, me lleva incluso a realizarme
y sentirme que no permanezco como una simple observadora con limitaciones
impuestas, sino que soy una más del sistema, pero un sistema abierto y en
dinamismo constante y cambiante en el que me muevo y vivo; entonces cobra mucho
sentido y puedo respirar la paz y una plenitud extraña, al saber que con mi
participación activa contribuyo, no porque me lo solicitan, sino porque al
conversar, escuchar, compartir con las otras personas, puedo ser una con él o
ella. Puedo decir que me siento útil, creo entonces que ha valido el
conocimiento que a lo largo de tantos años he adquirido y no solo en las
paredes de escuela, colegio, universidad y oficinas; que la experiencia de los
años son como hilos interminables que se pueden extender tanto como yo misma lo
permita, para hacer de mi paso por la cotidianidad universitaria un acto reflexivo,
flexible, participativo, de interrelación y relacionalidad permanente.
Me encantaría decir que
gozo de libertad total y absoluta, hoy día sé que el absoluto no existe como
tal, pues siempre hay algo en los espacios que creemos vacíos, parte de esos
puntos en esos espacios, llámense presupuesto, controles, reglamentos,
horarios, tiempos de entrega y otros propios de instituciones gubernamentales
que podría señalar como ataduras; pero me reconozco y me veo, ejerciendo una libre
autonomía en mi área de producción, puedo atender personas no necesariamente
ligadas a mi especialidad, puedo emprender proyectos, cuento con un respaldo de
mi superior que me facilita la estancia en el puesto.
El hecho de contar con un
libro de marca que nos hace ser bastantes “cuadrados”, no necesariamente limita
mi creatividad, me encanta crear, utilizar los colores, líneas, figuras, soy
más de lo abstracto y eso me da más posibilidad de jugar con las creaciones,
cuido detalles que puedan hacer la gran diferencia, eso me encanta y lo
disfruto tanto que, el tiempo del reloj es pasajero en sus minutos, pues lo que
me queda es la realización de un producto (afiche, invitación, redacción,
comunicado), que puede hacer una diferencia en el interlocutor y en mi misma, es
como estar compartiendo parte de mis células creativas, es darme a mí misma a la
otredad.
Tratar diariamente de
encontrar sentido a lo que hago como colaboradora, es eso, es tomar el riesgo
de hacer las tareas con disfrute, con la felicidad exteriorizada de manera
natural, de ser yo misma, de poder emprender proyectos como el de ver nacer el
Grupo de Adultos Mayores que surge en octubre de 2013; el sentirme valiosa al
compartir con estudiantes de décimo y undécimo, académicos y técnicos de
secundaria en el taller Enamórate de tu décimo. Describir esos momentos puede
significar ese dar sentido a lo que desarrollo y no limitarme a hacer lo que me
toca. Soy parte de un siglo en el que la tecnología nos puede robar el vernos
frente a frente, si se lo permitimos, soy parte de una actualidad donde se
escuchan quejas de la población juvenil (llamados milenians), porque actúan
diferente a lo que fueron otros tiempos y otras condiciones, quizá no nos hemos
dado la oportunidad de compartir con pensamientos y actuaciones de una juventud
deseosa de triunfar, de soñar, de desear emprender para hacer la diferencia,
hay tanto que podemos compartir…, hay tanto que podemos hacer… hay tanto en esa
no linealidad, que la abundancia de ideas y acciones se tornan interminables y
dan paso a ese inacabamiento del que tanto nos ha hablado Freire y del cual toda
la humanidad es parte activa.
Anteriormente citaba el
“absoluto” como algo ya reflexionado en el que no me permito comprenderlo como total,
creo que en este caminar, he ido recogiendo aprendizajes y construyendo los
propios, pues ya entiendo esa totalidad siempre por alcanzar y por lo tanto
infinita en la vaciedad del universo y de donde nos encontremos. Puedo decir
entonces que autoritarismo y liberalismo, son dos extremos –he aquí una
dualidad- que me permite reforzar y resignificar conceptos, no por mera
necesidad de conocer su acepción; si no porque llevan a ubicarme en mi puesto y
brindarme la oportunidad de verme como me desenvuelvo en mi área de confort, mi
oficina, mi puesto de trabajo, mi espacio de producción. En este punto, voy a
ser lo más transparente; hay un nivel de autoritarismo –sin llegar al extremo-
que hago notar y es el exigir el cumplimiento de cánones e instrucciones claras
a seguir en las publicaciones y en el uso de colores, tipologías y
publicaciones, es muy difícil para mí reconocerlo, creo que es tiempo de
decirlo. No obstante esa camisa de fuerza impuesta, he aprendido a flexibilizar,
buscando y dando opciones para hacer diferente las cosas como escapatoria al
muro de secuestro de pensamientos e ideas. Bien lo afirma Francisco Gutiérrez
en su descriptivo texto del Sentido Pedagógico “La respuesta está en manos de
cada uno y en cada una”, ¿cómo puedo hacer del proceso de enseñanza diario un
acto educativo también permanente, fluido, de escucha, de abrir espacios de
reflexión e intercambio de pensamientos?, creo al saber que somos seres
cambiantes e impredecibles, como también lo es el mundo en que nos está tocando
vivir, que somos parte viva de ese ecosistema abierto en el que nada está
escrito, sino sujeto siempre al cambio. La naturaleza nunca se comporta igual,
las épocas cambian, los gustos, las predilecciones, las acciones, comportamientos
son dinámicos, entrelazadas y enmarañadas, cuyas abruptas respuestas muchas
veces se vuelven desesperanza y preocupación, incertidumbres lógicas en el
acontecer diario.
Asumir papeles en ese
tejido puede ser complejo o sencillo, no necesariamente debe ser siempre así,
puedo convertir cada momento en la gran oportunidad de compartir mi
conocimiento con quien me visita o a quien visite, puedo aprender del otro
tanto como él o ella de mí, por eso, he convertido mi espacio -no solamente
material- en la gran ventana para asomar y poder verme, ver y sentir. He
desarrollado otros sentimientos, hoy soy más susceptible al estado de ánimo de
las otras personas, disfruto la lluvia, las visitas, los ruidos de estudiantes
cuando juegan ping pong o futbolín, aprecio el entorno, me doy cuenta de la
forma en que los y las jóvenes piden a gritos –que no escuchamos- ser
escuchados, ser tomados en cuenta, de la necesidad de adquirir compromisos
acordes a sus rangos de edades. Me he dado cuenta de sus capacidades y
competencias, de cómo buscan sus espacios y de la sutileza con la que muchas
veces actúan para obtener atención. Puedo afirmar hoy, que en este proceso he
podido ir construyendo mi propio campo de enseñanza-aprendizaje, transformando
la pasividad en movimiento continuo y posibilitándome el incursionar desde mi
puesto en áreas no necesariamente de mi competencia, entonces ¿qué motiva mi
actuar? y ¿cómo he ido cambiando?, esa es una interrogante que ha tomado tiempo
en obtener respuesta y que aún permanece en latente búsqueda de trasformación.
Si de algo estoy muy
segura, es que no quiero ejercer mi profesión a la fuerza, eso sería realmente
muy frustrante y me sentiría atada de manos y resignada a un conformismo brutal
del que probablemente deba salir. Así lo siento; siento desde muy dentro de mí,
la limitada oportunidad de jóvenes de secundaria de algunas localidades donde
el estado e intereses económicos les obligan a cursar especialidades técnicas.
Esto es un tema escabroso, quisiera ser escuchada, exponer ante autoridades con
poder de decisión una idea “descabellada”, que permita romper el paradigma de
la “esclavitud” académica en secundaria y que de seguido comparto.
“Así podemos comprobar cómo los estudiantes se alienan
hasta el grado en que su desarrollo personal se ajusta a lo que reclama un
sistema social cuyas metas son prioritariamente económicas” (El sentido del
discurso pedagógico, pág. 29)
En Costa Rica y por lo que
conozco en mis andanzas de visitas a colegios y participaciones en Ferias Vocacionales
de la Región Huetar Norte, el Ministerio de Educación, supongo que con muy
buenas intenciones, lleva a estudiantes a cursar un año más en secundaria, con
el fin de obtener un grado técnico. Para mí muy pobre en el abanico de
especialidades de donde los jóvenes deben seleccionar. Muchos Colegios Técnicos
Profesionales dan a escoger entre dos o tres y la comunidad estudiantil debe
optar por una de ellas. Qué diferente sería un panorama más amplio en el que se
pudiera dar a elegir a los y las jóvenes, si desean hacer un técnico o solo el
académico, pero no, los y las chicas de los CTP´S, no tienen opción, es lo
único que hay en sus comunidades (casos concretos Los Chiles, Upala, Guatuso).
Es así que muchas veces al llegar a la universidad no desean continuar con esa
especialidad, así lo demuestra un reciente documento suministrado por el área
de Planificación de la Universidad Técnica Nacional que da cuenta de que, un
57% de estudiantes de colegios Técnicos, no continúan la especialidad en la
Universidad (CuadroSC.27 del Informe Estudio de la población de Nuevo Ingreso a
la UTN, año 2018, pág. 244).
Quisiera abrir más puertas
de discusión para ser escuchada, sé que no es una tarea fácil en la que
probablemente se encuentren detractores de la idea, sigo creyendo firmemente
que puedo hacer una diferencia, sé que hay jóvenes en cada localidad en la que
su sueño de la música, la danza no se les concreta, quedan ahí en un limbo de
profesionalización inconclusa. Me pregunto, ¿quiénes son los más beneficiados
de esos acuerdos?, estoy segura que nunca se consultó a la juventud lo que
deseaban, incluso pienso que debería ser un trabajo que podríamos iniciar desde
la escuela.
En el taller Enamórate de
tu Décimo (que he tenido que variar también a Enamórate de tu Undécimo), trato
de despertar en cada participante y en una línea del tiempo, el deseo de
aprovechar el paso maravilloso de cursar un excelente décimo año, en el que más
que una obligación sea el mejor periodo de plantearse muchas interrogantes, de
desafiar a los y las profesoras, de desarrollar su propio sistema de estudio y
de mantener muy activa su vida de adolescente, sin abandonar, su familia, sus
amistades, sus sueños.
A pesar de automotivarme
constantemente, no en vano aparecen destellos de pasividad y de un conformismo
imprudente que trata de socavar y bajar mis picos de optimismo, es inevitable,
soy parte de una estructura estatal, organizada y jerarquizada para meterme en
un mismo saco, donde el discurso pedagógico es justificador con sus virtudes de
obediencia, castigos, respeto, subordinación, paciencia, inflexibilidad,
disciplina y composturas definidas, aún así, puedo –porque quiero- salirme de
ese saco y desde mi puesto puedo transformar algunas acciones (no quiero que me
alcance la pasividad). Mi entusiasmo al redactar, al mezclar colores, imágenes
trasciende a un mundo fractal mucho más amplio, me aplaudo, son mis ideas, es
mi propia expresividad, me permito ser protagonista en el escenario de la vida
universitaria –creo que como estudiante no lo fui-, ahora abro nuevos caminos,
comparto más, escucho, puedo comprometerme con otros proyectos, sigo adelante,
no me detengo, tomo riesgos a otras iniciativas, sé que debo trabajar mi
asertividad en la comunicación, en la franqueza al conversar, en fin, quiero
ser parte muy activa en la comunidad administrativa, académica, estudiantil,
familiar, de amistades.
He ocupado tiempo para
pensar, razonar, devolverme y volver, tengo también mis sueños, mis propios
retos que ya son parte de un contra-discurso sumamente dinámico, más sujeto que
simple objeto inanimado, me comprendo más dentro de un entorno que vibra de
emociones y de vida, es decir hago de cada día una mejor práctica discursiva,
pues es vivencial y en constante movimiento y cambio.
Soy un ser político, lo que
implica ser parte de la sociedad y como tal, decido involucrarme mucho más en
toma de decisiones, soy parte del Consejo de Sede (Órgano adscrito a la
decanatura). En ese seno, soy representante de mis colegas del área administrativa,
quiero velar por nuestros justos intereses, cuya función es conocer y dar
respuesta a situaciones que se puedan presentar en el ámbito administrativo y
estudiantil de la sede. Es un espacio creado para dialogar, apoyar y mejorar
las condiciones de todos y todas nosotras, sus habitantes, en un contexto de
comunidad donde nos relacionamos cada instante y donde cada persona juega un
rol importante para hacer crecer y mejorar nuestra universidad.
No quiero ser agua quieta y
permanecer como espectadora de lo que acontece, entonces me encuentro siendo
imparcial (no puedo ser neutral), involucrándome en más proyectos, yendo más
allá de las funciones del puesto, disfruto lo que hago y cada día es un nuevo
desafío, así también aporto de manera activa en la transmisión de valores.
Bibliografía
Gutiérrez, F.
(2011) Sentido del discurso pedagógico. Serie
Holografías (No. 4), Universidad La Salle, Costa Rica.
Dirección de Planificación Institucional.
Características de la población estudiantil de nuevo ingreso
2018. Universidad Técnica Nacional, julio 2018.
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